Sab
Sab —Sà —respondió Carlota, con un hondo suspiro, mientras se sentaba tristemente y con aire pensativo sobre su cama—: SÃ, seré desgraciada; no sé qué voz secreta me lo dice sin cesar: pero al menos la desgracia contra la cual quieres prepararme, no será la que yo llore más largo tiempo. Si Enrique fuese pérfido, ingrato…, entonces todo habrÃa concluido…; yo no serÃa ya desgraciada. No son los más temibles aquellos males a los que hay la certeza de no poder sobrevivir.