Sab
Sab —Carlota —decÃa Enrique fijando sus ojos en el anillo que brillaba en su mano, prenda de amor que le otorgara su querida—; yo no podré amar a otra mujer tanto como a ti, ninguna podrá hacerme tan feliz como tú me hubieras hecho; pero el destino nos separa. Es preciso que yo sea rico, y tú no puedes hacerme rico, Carlota.