Sab
Sab Diré que su frente brilla
más que nieve en valle oscuro:
diré su bondad sencilla,
y el carmÃn de su mejilla
como su inocencia puro.
GALLEGO
—¡Qué hermosa noche! Acércate, Teresa, ¿no te encanta respirar una brisa tan refrigerante?
—Para ti debe ser más hermosa la noche y las brisas más puras: para ti que eres feliz. Desde esta ventana ves a tu buen padre adornar por sà mismo con ramas y flores las ventanas de esta casa: este dÃa en que tanto has llorado debe ser para ti de placer y regocijo. Hija adorada, ama querida, esposa futura del amante de tu elección, ¿qué puede afligirte, Carlota? Tú ves en esta noche tan bella la precursora de un dÃa más bello aún: del dÃa en que verás aquà a tu Enrique. ¿Cómo lloras pues?… Hermosa, rica, querida… no eres tú la que debes llorar.
