Sab

Sab

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¡Y lo eran en efecto! Aquel era el primer día de su unión, y el primer día de una unión pura y santa, aquel día en que se hace del más vivo y ardiente de los afectos el más solemne de los deberes, es indudablemente un día supremo. Debe haber en este día una plenitud de ventura que no pertenece a esta tierra, ni a esta vida, que el cielo no concede sino por un día, para hacer comprender con ella la felicidad que reserva en la eternidad de su gloria a las almas predestinadas. Porque la bienaventuranza del cielo no es otra cosa que el eterno amor.

Una horrible tempestad bramaba sobre la tierra. Eran las tres de la tarde y el firmamento, cubierto de un opaco velo, anunciaba una tarde espantosa.

En aquella hora D. Carlos, desafiando la tormenta, corría al embarcadero de Nuevitas; pensando que en un momento de dilación podía impedirle hallar vivo a su hijo. En aquella hora Teresa de rodillas delante del crucifijo, en una estrecha celda, imploraba la misericordia de Dios en favor de los que ya no existían. En aquella hora enterraban en Cubitas dos cadáveres, de un hombre y de un niño; y una vieja lloraba sobre un lecho manchado de sangre, y un perro aullaba a sus pies. Y en aquella hora Carlota y Enrique eran felices, porque se amaban, porque se habían casado aquel día, y se repetían sin cesar con la voz y con las miradas:

—¡Ya soy tuya!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker