Sab
Sab No hay mal para el amor correspondido,
no hay bien que no sea mal para el ausente.
LISTA
A la conclusión de una larga calle de Naranjos y Tamarindos, sentados muellemente en un tronco de Palma estaban Carlota y su amante la tarde siguiente a aquella en que llegó éste a Bellavista, y se entretenían en una conversación al parecer muy viva.
—Te repito —decía el joven— que negocios indispensables de mi comercio me precisan a dejarte tan pronto, bien a pesar mío.
—¿Conque veinte y cuatro horas solamente has querido permanecer en Bellavista? —contestó la doncella con cierto aire de impaciencia—. Yo esperaba que fuesen más largas tus visitas: de otro modo no hubiera consentido en venir. Pero no te marcharás hoy, eso no puede ser. Cuatro días más, dos por lo menos.
—Ya sabes que te dejé hace ocho para ir al Puerto de Guanaja, al cual acababa de llegar un buque consignado a mi casa. El cargamento debe ser trasportado a Puerto Príncipe y es indispensable hallarme yo allí: mi padre con su edad y sus dolencias es ya poco apropósito para atender a tantos negocios con la actividad necesaria. Pero escucha, Carlota, te ofrezco volver dentro de quince días.
