Sab
Sab Cantó, y amorosa
venció su voz blanda
la voz de las aves
que anuncian el alba.
LISTA
Los dos viajeros atravesaron juntos por segunda vez aquellos campos: pero en lugar de una noche tempestuosa molestábales entonces el calor de un hermoso día. Enrique para distraerse del fastidio del camino, en hora tan molesta, dirigía a su compañero preguntas insidiosas sobre el estado actual de las posesiones de D. Carlos, a las que respondía Sab con muestras de sencillez e ingenuidad. Sin embargo, a veces le fijaba miradas tan penetrantes que el joven extranjero bajaba las suyas como temeroso de que leyese en ellas el motivo de sus preguntas.
—La fortuna de mi amo —díjole una vez—, está bastante decaída y sin duda es una felicidad para él casar a su hija mayor con un sujeto rico, que no repare en la dote que puede llevar la Señorita.
Sab no miraba a Otway al decir estas palabras y no pudo notar el encarnado que tiñó sus mejillas al oírlas: tardó un momento en responder y dijo al fin con voz mal segura:
—Carlota tiene una dote más rica y apreciable en sus gracias y virtudes.
