Sab
Sab de la riqueza al poder,
y ante Laura prosternado
le mira Nice caer.
Al verse sacrificada,
por el ingrato pastor
la doncella desgraciada
maldice al infausto amor.
No ve que dura venganza
toma del amante infiel,
y en su cáliz de esperanza
mezcla del dolor la hiel.
Tardío arrepentimiento
ya envenena su existir,
y cual señor opulento
comienza el tedio a sentir.
Entre pesares y enojos
vive rico y sin solaz:
huye el sueño de sus ojos
y pierde su alma la paz.
Recuerda su Nice amada
y suspira de dolor;
y en voz profunda y airada
así le dice el amor:
«Los agravios que me hacen
los hombres lloran un día,
y así sólo satisfacen,
Damón, la venganza mía: