Mis confesiones
Mis confesiones —¿Os lo ha dicho él?
—Naturalmente. Tú no me has dicho todavÃa nada.
—¿Os ha dicho que me habÃa exhibido una mujer en cueros?
Presa de santo horror, hizo sobre mà la señal de la cruz, y exclamó, agitando las manos:
—¿Qué dices? ¿Qué dices? ¡Que Dios te asista! ¡Una mujer! ¡Eso no es más que una visión forjada por tu espÃritu, que se halla bajo la nefasta influencia del diablo! ¡Ah! ¡Pero reflexiona un poco! ¡Una mujer en un convento de hombres! ¡Es imposible!
—¿Quién os trajo ayer vino de Oporto, quesos y caviar?
Su asombro creció de punto.
—¡Que Cristo tenga piedad de ti! ¿Cómo puedes inventar semejantes cosas?
Tanta hipocresÃa repugnaba. Era para volverse loco.