Mis confesiones
Mis confesiones —Todos tenemos el alma de igual magnitud, y el diablo las asedia a todas —dijo—. Pero ¿qué piensas tú de la muerte? Porque tú hablas sin cesar de la vida, siempre de la vida. ¿Dónde está la Muerte?
—Por ahÃ, muy cerca.
Levantó un dedo, agitándolo como una amenaza, y repuso:
—SÃ, ciertamente. ¡Siempre está ahÃ!
—Y ¿cómo es eso?
—Pues, sÃ.
Se irguió sobre las puntas de los pies, y me susurró al oÃdo:
—¡La Muerte es todopoderosa! Jesucristo mismo no pudo apartarse de ella. Él dijo: «Aparta este cáliz de mis labios». Y el Padre celestial no lo apartó. No podÃa tampoco hacerlo, pues estaba escrito: «Llegará la Muerte, y el sol se apagará».
SI anciano fue animándose y las palabras fluÃan de sus labios como un arroyo en la montaña.
—La Muerte sopla en todo el mundo; el hombre cruza sobre una maroma el abismo de la Vida; pero la Muerte da un aletazo, y el hombre desaparece. «¡Oh, Dios! El mundo se consolida en tu fuerza», se ha dicho; pero ¿cómo puede consolidarse, si la Muerte se cierne por encima de todo? ¿Qué vale poseer un espÃritu audaz y una instrucción profunda, si sólo se vive mientras la Muerte lo permite?