Mis confesiones
Mis confesiones Acostados en su regazo, parécenos fundirnos en ella, que el cuerpo aumenta de volumen, absorbiendo la savia tibia y olorosa de la buena madre; y nos sentimos por entero y para siempre terrenales, y pensamos, agradecidos:
«¡Tierra amada!»
Un torrente de energías bienhechoras brota de la tierra; en el aire flotan nubes de aromas penetrantes; la tierra es como el incensario de los cielos, y el hombre su brasa y su incienso.
Las estrellas brillan apresuradamente, para mostrar toda su belleza antes de que el Sol nazca; el amor y el ensueño acarician y embriagan. Un luminoso rayo de esperanza se desliza por el alma y la reconforta; y el hombre piensa que en algún sitio reside un Dios magnífico.
«Buscad y hallaréis», se ha dicho muy justamente; palabras que no deben olvidarse, pues, en verdad, son dignas de la razón humana.