Mis confesiones
Mis confesiones «No es de tu existencia de lo que he dudado, sino de tu misericordia, por parecerme que dejas a los hombres que se debatan sin darles ayuda ni mostrarles el camino…»
Pero no eran esas meditaciones lo que me devoraba el alma como un fuego oculto entre cenizas, y me producía un dolor insoportable. No podía consagrarme a nada; ni tampoco conciliar el sueño. Por la noche me invadían sombras opresoras; veía a Olga. Sentía una gran congoja que me quitaba el ánimo de seguir viviendo.
Tomé la resolución de ahorcarme.