Mis confesiones

Mis confesiones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Quiero que comprendas mi dolor. ¡Quién sabe si ha sido por culpa mía, porque no he dejado que vivieras a tu modo, por lo que el Señor me ha castigado, arrebatándome a mi hija!

Bajo nuestros pies, el barro se convertía en una masa viscosa que se pegaba a las suelas.

Me arrojé sobre Titof, lo así fuertemente y lo precipité al suelo, como si fuera un saco de salvado, vociferando:

—¡Maldito seas, impío!

Comenzó de nuevo para mí un período de insensata locura. No me atrevía a levantar la cabeza, bajo la impresión de que yacía en tierra, arrojado por una mano iracunda. Me dolía el alma sublevada contra Dios; si mis ojos tropezaban con una imagen santa, la volvía inmediatamente. Ansiaba discutir, pero no arrepentirme. Harto sabía que, según los Cánones, me era necesaria una dura penitencia; tenía que haber rezado:

«Señor, Tu mano es severa, pero justa. Tu cólera es grande, pero bienhechora».

Pero mi conciencia me prohibía pronunciar esas palabras, y en mi perplejidad no acertaba a encontrarme a mí mismo entre la algarabía de mis ideas.

«¿Me has asestado este golpe porque, en secreto, he dudado de tu existencia?»

Este pensamiento me aterrorizaba, y probé de exculparme:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker