El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —No he dicho exactamente eso —replicó con cautela el forastero—, pero no cabe duda de que es la mejor. Yo la he probado, y lo sé. Y porque acabo de probarla durante seis meses, y sé que es la mejor, aquà me tienes ahora, hambriento y con los pies doloridos, alejándome de ella hacia el Sur, siguiendo la vieja llamada, de vuelta a la vieja vida, que es mi vida y no me dejará escapar.
«Entonces, ¿este es otro de esos?», pensó el Ratón.
—¿Y de dónde vienes? —preguntó, sin atreverse a preguntar adónde iba, pues creÃa conocer de sobra la respuesta.
—De una bonita granja —contestó lacónicamente el viajero—. Está por allà —añadió señalando hacia el norte—. Da un poco igual. TenÃa todo lo que necesitaba, todo lo que uno tiene derecho a esperar de la vida, y más, ¡y aquà estoy! ¡Pero contento de estar aquÃ, no te creas, bien contento de estar aquÃ! ¡Tantas millas ya de camino recorrido, tantas horas de viaje que me acercan al deseo de mi corazón!
TenÃa los ojos brillante clavados en el horizonte, y parecÃa atento a algún sonido que faltaba en aquellas tierras de interior, aunque resonaran con la música alegre de los pastos y las granjas.