El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Tú no eres uno de nosotros —dijo el Ratón de Agua—, ni eres animal de campo, ni siquiera de este paÃs, según creo.
—Cierto —contestó el forastero—. Soy un ratón de mar, eso soy, y mi puerto de origen es Constantinopla, aunque también allà soy una especie de extranjero, por asà decirlo. Habrás oÃdo hablar de Constantinopla, ¿no, amigo? Bella ciudad, antigua y gloriosa. Y quizá hayas oÃdo hablar también del rey Sigurd de Noruega, y de cómo navegó hasta allà con sesenta navÃos, y de cómo él y sus hombres cabalgaron por las calles cubiertas en su honor de baldaquines de oro y púrpura, y de cómo bajaron el Emperador y la Emperatriz a asistir a un banquete a bordo de su nave capitana. Cuando Sigurd volvió a su paÃs, muchos de aquellos hombres del Norte se quedaron allà y entraron en la guardia del Emperador, y mi antepasado, nativo de Noruega, también se quedó en uno de los barcos que Sigurd regaló al Emperador. Asà que no es nada raro que siempre hayamos sido animales de mar. En cuanto a mÃ, estoy tan a gusto en mi ciudad natal como en cualquier puerto agradable entre esta y el rÃo de Londres. Los conozco todos, y ellos me conocen a mÃ. Si me sueltas en cualquiera de sus muelles o playas en seguida me siento como en casa.