El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
—Eso me recuerda —dijo el educado Ratón de Agua— que hace un rato mencionaste que tenÃas hambre, se me tenÃa que haber ocurrido antes. Naturalmente te quedarás a almorzar conmigo, ¿no? Mi agujero está muy cerca, ya es mediodÃa pasado y estás invitado a lo que haya.
—Bueno, eso sà que es hablar como un hermano —dijo el Ratón de Mar—. Pues sÃ, al llegar tenÃa bastante hambre, y desde que me he puesto a hablar sin darme cuenta del marisco estoy que me ladra el estómago. Pero ¿por qué no te traes aquà la comida? No me gusta mucho meterme bajo cubierta, a menos que me vea obligado, y si nos quedamos aquà podré seguir contándote más cosas de mis viajes y de la grata vida que llevo… al menos es muy grata para mÃ, y por la atención que me prestas creo que también te atrae; mientras que si nos metemos bajo tierra apuesto cien contra uno a que me quedo dormido.
—Excelente sugerencia —dijo el Ratón de Agua, y salió corriendo hacia su casa.