El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Una vez allí sacó su cesta de la merienda y preparó una comida sencilla, en la que, recordando el origen y los gustos del forastero, tuvo el detalle de incluir una larga barra de pan francés, una salchicha que olía de lejos a ajo, un trozo de queso que cantaba de tan curado como estaba, y una botella de largo gollete recubierta de rafia, que contenía rayos de sol condensados, cosechados y embotellados en lejanas colinas del Sur. Cargado con todo ello volvió rápidamente al sendero, y según iban sacando las cosas de la cesta y poniéndolas en la hierba de la cuneta, los cumplidos con que el viejo lobo de mar celebraba su buen gusto y criterio le hicieron ruborizarse de placer.
En cuanto hubo saciado un poco el hambre, el Ratón de Mar continuó el relato de su último viaje, llevando a su ingenuo oyente de puerto en puerto por las costas de España, haciéndole desembarcar en Lisboa, Oporto y Burdeos, y descubrir los agradables puertos de Cornualles y Devon, y remontar el Canal de la Mancha hasta su punto de arribada, donde nada más pisar tierra, tras arrostrar persistentes vientos contrarios, curtido y baqueteado por mil tormentas, sintió en el aire los primeros indicios mágicos de otra Primavera, y estimulado por ellos inició una larga caminata hacia el interior del país, ansioso por experimentar la vida en alguna granja tranquila, muy lejos de los agotadores embates de cualquier mar.