El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Entonces, con aire despreocupado y aparente indiferencia, el Topo empezó a hablar de las labores de la cosecha, de los carros cargados de trigo y los esforzados animales que tiraban de ellos, de los almiares cada vez más altos y la gran luna que se elevaba sobre los campos desnudos salpicados de gavillas. Habló de las manzanas cada vez más rojas, de las nueces casi maduras, de mermeladas y conservas y licores destilados; hasta que poco a poco, describiendo cada cosa en su sazón, llegó a mediados del invierno, a sus gozos sustanciosos y su cómoda vida hogareña, y aquí ya se puso de lo más lírico.
Poco a poco el Ratón se fue incorporando y empezó a hablar. Sus ojos apagados recobraron el brillo, y perdió en parte su aire apático.
Al cabo de un rato el Topo, con mucho tacto, salió y volvió con un lápiz y unas cuantas cuartillas, que dejó en la mesa al alcance de su amigo.
—Hace mucho tiempo que no escribes poesía —comentó—. Podrías intentarlo esta noche, en vez de… bueno, seguir rumiando esas cosas. Tengo la impresión de que cuando escribas algo te sentirás mejor… aunque sólo sean unas rimas.