El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Me encanta —dijo el Sapo—. Es que me vuelve loca. Cuando tengo los brazos hundidos en el lavadero soy la persona más feliz del mundo. Pero en fin, ¡es que se me da tan bien! ¡No me cuesta nada! ¡Le aseguro que es un verdadero placer, señora!
—Vaya, qué suerte ha sido encontrarla —dijo pensativamente la gabarrera—. ¡Una verdadera suerte para ambas!
—¿Qué quiere usted decir? —preguntó nerviosamente el Sapo.
—Pues verá usted —contestó la gabarrera—. A mà también me gusta lavar, lo mismo que a usted, pero me guste o no la verdad es que no me queda más remedio que hacerlo, como es natural, pues siempre estoy yendo de un lado para otro. Y encima mi marido anda siempre escaqueándose y dejándome sola en la gabarra, de modo que nunca tengo tiempo para mis cosas. Ahora mismo tendrÃa que estar aquÃ, ocupándose del timón o del caballo, aunque afortunadamente el caballo es lo bastante sensato como para cuidar de sà mismo. En vez de eso ha salido con el perro a intentar cazar un conejo para la cena. Dice que me alcanzará en la próxima esclusa, pero bueno… la verdad es que no me fÃo nada de él cuando sale con ese perro, que es peor que él. Y mientras tanto, ¿cómo voy a arreglármelas para hacer mi colada?