El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Oh, no se preocupe por la colada —dijo el Sapo, a quien no le gustaba nada aquel tema—. Intente concentrarse en ese conejo. Seguro que es un conejo bien gordo y tiernecito, ya verá. Por cierto, ¿tiene cebollas?
—No puedo concentrarme en nada que no sea mi colada —dijo la gabarrera—, y me extraña que pueda usted pensar en conejos con el gustazo que va a darse. En un rincón de la cabina encontrará un montón de ropa sucia. Si escoge un par de prendas de las que más lo necesitan… no me atrevo a describÃrselas a una dama como usted, pero las reconocerá en cuanto las vea… y les da una pasadita en el barreño, pues para usted será un placer, como dice con toda razón, y a mà me hará un gran favor. Encontrará a mano el barreño, el jabón, un hornillo para calentar el agua y un cubo para sacarla del canal. Asà sabré que se divierte usted, en lugar de estar aquà sentada mano sobre mano, mirando el paisaje y bostezando.
—¡Mire, déjeme el timón! —dijo el Sapo, muy asustado ya—. Asà podrá hacer su colada a su manera. Lo mismo le estropeo sus cosas, o no se las lavo como a usted le gusta. Yo estoy más acostumbrada a la ropa de caballero. Es mi especialidad.