El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¿Que le deje el timón? —replicó riendo la gabarrera—. Sepa usted que hace falta bastante experiencia para gobernar una gabarra. Además es un trabajo muy aburrido, y yo quiero que lo pase bien. No, usted a lavar, que es lo que le gusta, y yo seguiré al timón, que es de lo que entiendo. ¡No intente privarme del placer de darle gusto!
El Sapo se sintió completamente acorralado. Buscó una escapatoria aquà y allá, vio que estaba demasiado lejos de la orilla para huir de un salto, y se resignó hoscamente a su destino. «Puestos a ello», pensó con desesperación, «¡supongo que hasta un tonto sabe lavar!».
De modo que cogió de la cabina el barreño, el jabón y las demás cosas necesarias, eligió al azar unas cuantas prendas, intentó acordarse de lo que habÃa visto al pasar por los escaparates de las lavanderÃas y se puso manos a la obra.