El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¡Pedazo de gabarrera vulgar, plebeya y gorda! —gritó—. ¿Cómo te atreves a hablar asà a alguien de mi categorÃa? ¡Por supuesto que no soy una lavandera, faltarÃa más! ¡Entérate de que soy un Sapo, un Sapo muy distinguido, conocido y respetado! Puede que ahora mismo esté un poco desacreditado, ¡pero no tolero que una gabarrera se rÃa de mÃ!
La mujerona se le acercó y le examinó atentamente por debajo de la cofia.
—¡Vaya, pues es verdad! —exclamó—. ¡Nunca lo hubiera imaginado! ¡Un Sapo horrendo, asqueroso y reptante! ¡Y encima en mi preciosa y limpÃsima gabarra! Eso sà que no lo tolero yo.
Olvidado por un momento el timón, echó mano al Sapo con un rápido movimiento de sus brazos rollizos, agarrándole firmemente de una pata delantera y otra trasera. Entonces el mundo se puso de repente patas arriba, la gabarra pareció deslizarse con ligereza por el cielo, el viento zumbó en sus oÃdos y el Sapo se encontró volando por el aire, dando vueltas veloces mientras caÃa.