El Viento en los sauces
El Viento en los sauces
El Sapo no se paró a contestarla. Lo que querÃa era una venganza cabal, no fáciles triunfos en una batalla de improperios, aunque tenÃa un par de ellos en mente que le hubiera gustado soltar. Y un poco más allá vio lo que querÃa. Corriendo rápidamente alcanzó al caballo, desató la soga de arrastre, saltó con ligereza al lomo de animal y lo azuzó enérgicamente con los talones para que saliera al galope. Dejando el sendero de sirga se dirigió a campo abierto y se metió por un camino lleno de rodadas. Al cabo de un rato miró hacia atrás y vio que la gabarra habÃa embarrancado en la otra orilla del canal, y la gabarrera gesticulaba furiosamente gritando: «¡Alto, alto, alto!».
«Me suena esa canción», dijo el Sapo con una carcajada, y siguió espoleando al caballo en su alocada carrera.
El caballo de tiro no era capaz de mantener por mucho tiempo aquel esfuerzo, y su galope se convirtió pronto en trote y luego en paso cansino; pero el Sapo se daba por satisfecho, pues sabÃa que él por lo menos se movÃa, mientras que la gabarra no. Ya habÃa recuperado su buen humor, tras demostrar con aquella jugarreta lo listo que era, y se contentó con avanzar tranquilamente al sol, aprovechando todos los atajos y caminos de herradura que encontraba, e intentando olvidar que hacÃa mucho que no habÃa comido caliente, hasta que dejó muy atrás el canal.