El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¡Jo, jo! —reÃa, extasiado de admiración de sà mismo—. ¡El Sapo de nuevo! ¡Como siempre el Sapo gana la partida! ¿Quién consiguió que me llevaran en el coche? ¿Quién se las arregló para pasar al asiento delantero con la excusa de que me diera el aire? ¿Quién les persuadió de que me dejaran intentar conducir? ¿Quién les hizo aterrizar en un estanque? ¿Quién escapó volando alegremente por el aire, sano y salvo, dejando a esos excursionistas intolerantes, mezquinos y apocados hundidos en el barro como les corresponde? Quién iba a ser sino el Sapo, ¡el inteligente Sapo, el gran Sapo, el bueno del Sapo!
Y luego rompió de nuevo a cantar a voz en grito:
¡Pu-pu-pu!, pitaba tan campante
el coche lanzado a todo trapo.
¿Quién lo metió en el estanque?
¡El ingenioso Sr. Sapo!
—¡Oh, qué listo soy! ¡Pero qué listo, qué listo, qué listÃsimo…!
Un ruido lejano a su espalda le hizo volver la cabeza. ¡Qué horror! ¡Qué desgracia! ¡Qué desesperación!
Dos prados más allá vio a un chófer con polainas de cuero y dos robustos policÃas rurales ¡corriendo a todo correr hacia él! El pobre Sapo se puso en pie de un salto y salió disparado de nuevo con el corazón en un puño.