El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —¡Ay! —jadeaba mientras corrÃa—. ¡Pero qué asno soy! ¡Qué asno engreÃdo y atolondrado! ¡Otra vez fanfarroneando! ¡Otra vez gritando y cantando! ¡Otra vez sentado y cotorreando! ¡Ay, ay, ay!
Miró hacia atrás y vio con espanto que le estaban ganando terreno. Siguió corriendo desesperadamente, pero al volverse veÃa que se le acercaban cada vez más. HacÃa lo que podÃa, pero era un animal gordo y corto de patas, y los otros seguÃan acortando distancias. Ahora les oÃa ya muy cerca, pisándole casi los talones. Dejó de mirar por dónde iba y siguió corriendo a ciegas, atropelladamente, hasta que de pronto la tierra desapareció bajo sus pies, manoteó en el aire y ¡plas! se hundió de cabeza en aguas profundas y rápidas, una corriente que le arrastraba con fuerza irresistible, ¡y se dio cuenta de que cegado por el pánico habÃa ido a caer al rÃo!
Salió a la superficie e intentó agarrarse a los juncos y las cañas que crecÃan cerca de la orilla, pero la corriente era tan fuerte que se los arrancó de las manos.
—¡Ay! —boqueó el pobre Sapo—. ¡Jamás volveré a robar un coche! ¡Jamás volveré a cantar canciones vanidosas! ¡Jamás… glup…!