El Viento en los sauces
El Viento en los sauces Y volvió a hundirse, y volvió a salir a la superficie sin aliento y atragantándose. Al rato vio que se acercaba a un agujero oscuro que había en el talud de la orilla, justo por encima de su cabeza, y cuando la corriente le arrastró hasta allí se estiró y se agarró al borde con una pata. Luego, poco a poco y con gran esfuerzo, consiguió izarse hasta apoyar los codos en el borde del agujero. Así se quedó unos minutos, jadeando y resoplando, pues estaba completamente exhausto.
Mientras jadeaba y suspiraba mirando hacia el interior del oscuro agujero, vio una cosita brillante que centelleaba en sus profundidades, avanzando hacia él. Según se le acercaba apareció poco a poco una cara alrededor de ella, ¡y era una cara conocida!
Una carita parda, con bigotes.
Redonda y seria, con lindas orejitas y pelo sedoso.
¡Era el Ratón de Agua!