El Viento en los sauces
El Viento en los sauces —Vi que los armiños levantaban las orejas y se miraban unos a otros —siguió el Sapo—, y el sargento les dijo: «No le hagáis caso, no sabe de lo que habla». «¿Ah, no?», dije yo. «Bueno, pues mire lo que le digo. Mi hija lava la ropa del Sr. Tejón, para que vean que sé de lo que hablo, ¡aunque pronto lo sabrán también ustedes! Un centenar de tejones sedientos de sangre y armados con rifles van a atacar la Mansión del Sapo por el cercado esta misma noche. Seis barcas cargadas de ratones con sables y pistolas remontarán el rÃo y desembarcarán en el jardÃn, mientras un grupo escogido de sapos, conocidos como los Temerarios o los Sapos a Vida o Muerte, tomarán el huerto al asalto y lo arrollarán todo a su paso, pidiendo venganza a gritos. Cuando hayan acabado con ustedes no quedará mucha ropa que lavar, ¡a menos que se larguen mientras puedan!». Entonces eché a correr, y cuando me perdieron de vista me escondÃ, y al cabo de un rato volvà arrastrándome por la zanja y les observé entre el seto. Estaban todos muy nerviosos y alborotados, corriendo de un lado a otro y tropezando entre sÃ, todo el mundo dando órdenes que nadie obedecÃa; y el sargento no paraba de enviar pelotones de armiños a zonas apartadas de la propiedad, y luego enviaba a otros a buscarlos; y oà que decÃan: «Muy tÃpico de las comadrejas: se van a correr la gran juerga en la sala de banquetes, con brindis y canciones y todo tipo de diversiones, mientras nosotros tenemos que estar aquà fuera de guardia, a oscuras y pasando frÃo, ¡para que al final nos hagan picadillo unos tejones sedientos de sangre!».