Las maniobras del Vaticano
Las maniobras del Vaticano En su carta al cardenal Gasparini del 30 de mayo de 1929, Pío XI escribe: «También en el Concordato están presentes, si no dos Estados, ciertamente dos soberanías plenas, es decir, totalmente perfectas, cada una en su orden, orden necesariamente determinado por el respectivo fin, donde es apenas preciso agregar que la objetiva dignidad de los fines determina no menos objetiva y necesariamente la absoluta superioridad de la Iglesia».
Este es el terreno de la Iglesia: habiendo aceptado dos instrumentos distintos para establecer las relaciones entre Iglesia y Estado, el tratado y el Concordato; aceptado ese terreno necesariamente, el tratado determina esas relaciones entre dos Estados y el Concordato determina las relaciones entre dos soberanías en el «mismo Estado», es decir, se admite que en el mismo Estado haya dos soberanías iguales, ya que tratan en paridad de condiciones (cada una en su orden). Naturalmente también la Iglesia sostiene que no hay confusión de soberanía, pero porque sostiene que en lo «espiritual» al Estado no compete soberanía y si el Estado se la adjudica, comete usurpación. También la Iglesia sostiene que no puede haber doble soberanía en el mismo orden de fines, pero precisamente porque sostiene la diferencia de los fines y se declara única soberana en el terreno de lo espiritual.
