A orillas de rÃo Rogue
A orillas de rÃo Rogue Junto a la boca del Rogue, acecha en su tiempo un abigarrado enjambre de salmones de cabeza acerada, cola en forma de horquilla y costados de plata. Su reunión empieza a efectuarse a principios de la primavera, y cada dÃa que pasa después ve su número considerablemente aumentado. Un poderoso instinto natural les hace surgir de las profundidades del océano para acercarse al rÃo en que nacieron... Y el mismo instinto maravilloso les hace mantenerse a la espera, refrenando su congénita ansiedad. Los tiburones, los machos de rapiña y las focas se mueven libremente, de un lado para otro, pero jamás logran ahuyentarlos ni hacerlos desistir de la espera anhelante, de su vigilia de hipnotizados en la boca del rÃo. En grandes bancos oscuros, se acercan más y más a la puerta sagrada, a través de los rompientes, y escuchan con unción la misteriosa llamada. Cuando llega, imperativa, actúa como una irresistible voz de mando, que nadie osa desobedecer. Es la primera crecida del año, coincidente con las lluvias que bajan en tromba desde las montañas. El agua lleva un fresco y dulce perfume arrastrado desde los manantiales y depurado en los lechos de piedra y arena fina. La invasión comienza. Primero salta el más viejo, o el más audaz... Y luego todo el enjambre le sigue, en una larga e interminable cadena, al igual que los ciervos cuando emigran desde el Norte hacia el Sur.
