Arizona
Arizona —No porque yo tenga nada contra Arizona, ni porque Arizona tenga nada contra mÃ. No me gusta que me recuerden a Arizona; nada más.
—¿Trabajó usted una vez con Rankin? —preguntó Grieve.
—SÃ.
—¿Cuánto tiempo?
—Dos años completos.
—¿Hasta su muerte?
—SÃ.
—¿Vio usted matarle? —inquirió Grieve, acercándose más, con los ojos como dos carbones.
—SÃ.
—Entonces ¿sabe usted quién le mató?
—Señor Grieve —contestó Ames con una especie de vibración desdeñosa y frÃa en la voz—, si vi como le mataron, claro es que vi quien le mató.
—No siempre ocurre asÃ. En aquella comarca se mataba a la gente en emboscadas. Si no recuerdo mal, se decÃa que nadie habÃa visto cómo mataron a Rankin.
—Quizá recuerde usted bien, pero está equivocado. Un hombre por lo menos, lo vio.
Grieve retrocedió con súbita violencia y sus negros ojos se movieron.