Arizona
Arizona —Gracias, señora Ames. Usted está tan guapa como siempre —contestó Cappy—. Me alegro mucho de volver al Cerro de Mescal. Es casi la única casa que he tenido en la vida…, en los últimos años, pero lo menos… Siento mucho lo de Tommy…
—No hubiera sido tan duro para nosotros si se hubiera matado en el acto —dijo ella con tristeza—. Lo terrible es que acaso habrÃa podido salvarse si se le hubiera asistido a tiempo.
—Bueno… Ahora, voy a seguir. He traÃdo algunas cosas para todos ustedes. Las dejaré aquà y me llegaré hasta mi cabaña. Tan pronto como descargue el equipaje, volveré.
—A cenar con nosotros. Rich ya habrá vuelto, y quizás Nesta.
—A cenar vendré —convino Cappy.
Luego, descargó un fardo de uno de los burros y lo llevó hasta el porche, donde lo dejó. Las niñas observaban, expectantes, sus movimientos.
—Atiende aquÃ, Mescal —dijo Cappy amenazándola con un dedo duro como el cuerno—; ¡cómo te atrevas…!
—Yo soy Manzanita, tÃo Cappy —interrumpió la muchacha.
—¡Ah, sÃ! —continuó Cappy, desconcertado.
—Se te ha olvidado el modo de distinguirnos —interrumpió alegremente Mescal.