Arizona
Arizona —SÃ, y no me avergüenza —repuso ella valientemente—. Le he dado un millón de besos. ¿Qué esperaba usted, Arizona Ames?
—No lo sé —contestó Ames, pensativo—. Nunca he tenido una muchacha que me quisiera, y temo que estoy perdiendo mucho.
—Habrá usted huido de las muchachas —dijo ella.
—SÃ, huir de las muchachas y de todo lo demás es casi lo único que he hecho durante seis años… Bien, volviendo a su historia, no es tan terrible, excepto en lo referente a la brutalidad de Grieve. ¿No es asÃ, Amy?
—Asà es.
—Yo sabÃa que bebÃa mucho, pero he conocido hombres muy bebedores y que, sin embargo, no eran tan malos.