Arizona
Arizona —Muy bien, muchachos; ahora me siento mejor. Os dejo y os aconsejo que no permanezcáis aquà hasta la mañana. Ya empieza a ponerse el sol. No necesitaréis mucho rato para deciros adiós. La verdad es que no sé nada de besos, pero calculando un segundo para cada uno y contando quinientos o seiscientos, no se necesita tanto tiempo…
Lany se echó a reÃr para ocultar su embarazo…
—Arizona, no le creÃa sarcástico —dijo Amy, decepcionada, y se acercó a él con una chispa brillante y peligrosa en sus grandes ojos.
—¡Buena la he hecho! —murmuró Ames al darse cuenta de que su esfuerzo para parecer inocente no le habÃa salido del todo bien.
—¿Cree usted que somos dos jóvenes tontos?
—No, Amy, no es precisamente eso.
—Se rÃe usted de los besos, Arizona, y me entran deseos de darle a usted uno —afirmó ella, empujándole contra el tronco.
—Hazlo, Amy —dijo Lany—. Enséñale. A este maldito vaquero no le ha besado nunca nadie.
—¿No, Arizona?
—SÃ, hace años, en bailes y reuniones. Y la hermana de que le he hablado, Nesta, acostumbraba besarme. Pero nunca he tenido novia.