Arizona
Arizona —¡El maldito! —rezongó el viejo—. Parece que se rÃe de mÃ. Apuesto a que sabÃa que ésta era mi casa… Me extraña que Rich no lo haya cazado.
Cappy salió, metió sus fardos en la cabaña, abrió uno de ellos, sacó su linterna y utensilios de cocina y herramientas, y lo colocó todo en sus respectivos lugares. Luego, deslió su cama de campaña y la extendió sobre el lecho de ramas.
—No encenderé fuego esta noche, pero dejaré uno preparado para mañana —decidió; mas al dirigirse a su leñera se encontró con que quedaba muy poca de la leña seca y dura que él habÃa cortado el invierno anterior. ¡Rich Ames, el soñador solitario, la habÃa quemado! Cappy estuvo pronto listo para volver a casa de los Ames, pero se acordó de su descuidada apariencia. Y se acordó al pensar en Nesta Ames, apresurándose a remediar este defecto. Se afeitó, se lavó y se puso una camisa nueva de franela de alegres colores que se habÃa comprado sólo para deslumbrar a Nesta. Luego, salió.