Arizona
Arizona —¿Quién es?
La noche estaba oscura bajo un cielo encubierto de nubes, pero nudo distinguir una forma aún más oscura que se movÃa a un lado.
—Soy Amy —dijo una voz, muy bajo.
—¡Dios mÃo! ¿Qué ocurre?
Dos manos frÃas cogieron las suyas al apoyarlas en el marco de la ventana. Pero no temblaban.
—He estado todo el dÃa encerrada en mi habitación —cuchicheó reteniendo dos veces el aliento—; si no, hubiera venido a avisarle. Grieve salió esta mañana antes de amanecer. No se me ha ocurrido hasta más tarde buscar un rifle. No lo encontré. Entonces comprendà que estaba fuera, escondido en algún sitio, esperándole a usted. Acababa de volver. Le he oÃdo entrar blasfemando en la cocina. TenÃa hambre. Yo me he escapado por la ventana…
—Es usted valiente, Amy —murmuró él apretándole las manos con fervor—. Pero no debÃa usted haber corrido este riesgo. Vuelva aprisa ahora.
—¿Está Lany aqu� —preguntó con ansiedad, excitada.
—No, aún no ha venido.
—Déle esto. —Se desprendió una mano y sacó una carta del seno.