Arizona
Arizona Continuó cabalgando con la esperanza de hallar algún rastro de ovejas o de ganado, o huellas de caballos que le guiasen a un campamento, rancho o villorrio. Tenía sal y carne de venado en las alforjas y se había visto otras veces más próximo a morirse de hambre, pero le molestaba un continuo dolor de estómago.
La llanura, salpicada de matas de salvia, deslumbraba bajo el sol del mediodía; amarillos remolinos de polvo se elevaban como colosales embudos invertidos a través del desierto; sabanas de arena se levantaban y azotaban la maleza; el espejismo dibujaba engañosas vistas que aparecían y desaparecían como por arte de magia; en la distancia se distinguían mesetas aisladas, largos promontorios que surgían del nebuloso horizonte, paredes de rocas rosadas y riscos dentados como la hoja de una sierra, que se dibujaban sobre un cielo cobrizo.
La serranía del Huracán cerraba el Oeste a la vista investigadora de Ames. A lo lejos, en su extremo sur, se veía la tenue línea quebrada del cañón, oscura, mística y sombría.