Arizona
Arizona En aquellas palabras y en lo pensativo de su mirada, Rich Ames dejaba ver no sólo lo que decÃa, sino que el medio año transcurrido le habÃa hecho más viejo y más serio.
—¿Tienes alguna contrariedad, Rich?
—Claro que sÃ.
—¿Algo además de la muerte de Tommy?
—SÃ.
—Bien, ¿y qué es ello?
—Es cosa de Nesta. Y me tiene perplejo… Pero necesito más tiempo para contártelo. Ahora me voy mientras hablas con ella.
Un caballo bayo apareció en el camino saliendo de la espesura. Lo montaba una joven que llevaba el sombrero colgando sobre su espalda. Cabalgaba sentada de lado en la silla, pero cuando se acercó al tronco de pino sobre el cual se apoyaba el cazador observando, se volvió a medias hacia él. Se enderezó sobre su montura, desvanecióse su gesto petulante y sus rojos labios se entreabrieron en una sonrisa de sorpresa y placer. Se deslizó de la silla para acercarse a él.
—¡Cappy Tanner! ¡Conque era contigo con quién Rich estaba hablando! —gritó.
—¿Qué tal estás, Nesta? Si es que eres tú —contestó el viejo.
—Yo soy, Cappy… ¿Es que he cambiado tanto?