Arizona
Arizona Los bellos y brillantes ojos azules tan característicos de la familia Ames, sólo se fijaron un momento en los del cazador. El cambio experimentado por la joven, no su confusión, desconcertaba a Tanner. Hacía poco más de seis meses era una muchacha delgada y pálida, bonita, con toda la belleza de la familia, y ahora se encontraba con una mujer extraña para él, alta, llena y hermosa, como una de las doradas flores del valle. Tanner la miró de pies a cabeza y, otra vez, de la cabeza a los pies. Nunca la había visto tan bien vestida como ahora. Su cabello espeso, y tan rubio que casi parecía de plata, se dividía en el centro de su frente, empañada en aquel momento por un ligero fruncimiento. Bajo unas cejas perfectas, sus ojos, azul celeste, pero llenos de fuego, vagaban por todas partes, negándose a posarse sobre su viejo amigo. Cualquiera que hubiese visto una vez a Rich Ames la hubiera reconocido como su hermana gemela, por la suavidad de sus facciones, su dulzura y su femineidad, eran sus características peculiares.
—¿Cambiada? ¡Ya lo creo! —replicó el viejo cazador lentamente, al tomar sus manos—. Convertida en una mujer. Nesta, eres lo más bonito de, todo el Tonto.