Arizona
Arizona —Tan sencillo como el «a b c». En el pueblo se habló mucho. Si aquel jinete era Arizona Ames, y muchos juraron que lo era, ¿cómo es que sólo había dos o tres guardias lisiados? Aquel Arizona Ames tiraba bien. Agujereaba un sombrero en el aire.
—El Oeste es pequeño, Steele —murmuró Ames—. Me gustaría saber si se casó aquel vaquero. Se Llamaba Riggy Turner.
—Eso es. Ahora me acuerdo. Sí, se casó y todo el pueblo estuvo de juerga.
Como un espectro del pasado se levantaba ante Ames aquel episodio medio olvidado de su azarosa carrera. Lo consideraba como la única mancha negra sobre su nombre. Pero Riggy Turner era el verdadero, culpable, y Ames, inocente. El primer delito de Turner, tan fácil de cometer en aquellos días. Cuántos vaqueros caían, simplemente por ser tan sencillo hacerlo y ocultarlo. Ames lo descubrió demasiado tarde. Pero había echado a Turner una reprimenda que nunca olvidaría, y le arrancó la solemne promesa de que, por la muchacha que le amaba, no volvería a delinquir. Esperaron evitar el arresto de Turner, pero nada hicieron para ello, Luego Ames salió al encuentro de la autoridad y del asustado vaquero, con el resultado citado por Steele.