Arizona

Arizona

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Y si llevásemos encima algunas provisiones?, —preguntó, e inmediatamente le dieron galletas duras, sal, carne, manzanas secas y una cantimplora. Aquel simpático cocinero le había cobrado afecto, y Ames se prometió tenerlo en cuenta.

Brandeth apareció en el campamento, sombrío y silencioso, cepillándose el largo y descuidado cabello. Noggin llegó por una dirección opuesta a la en que Ames le buscara, circunstancia que se prometió no volvería a ocurrir. ¡Era casi imposible ejercer una constante vigilancia! La costumbre es, a la larga, más poderosa que la más implacable voluntad.

El cocinero llamó a gritos y fue al instante insultado por Brandeth, que no había empezado el día en muy buena disposición. Luego, comieron de pie, apresurándose y sin pronunciar palabra.

—Acabemos de una vez —ordenó Brandeth.

Ames percibió a la luz de la hoguera la expresión de Noggin y de Brandeth. Apretó los labios y una corriente pasó por todos sus miembros. ¡Qué locos eran! ¡Con qué ceguera se lanzaban en pos de sus fines egoístas! Al final de aquel día alguno de ellos, probablemente los dos, habría dejado de interesarse por nada.

—¿Vienes con nosotros? —preguntó Brandeth a Noggin.

—Ya sabes que sí —fue la concisa réplica.

—¿Hasta dónde?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker