Arizona
Arizona —Aquà se bifurca el camino —dijo éste, señalando—. Por aquà se va al cañón donde está la yeguada, cuatro horas largas de viaje cuesta abajo; y por aquÃ, al rancho de Morgan, a doble distancia, pero mejor terreno.
—¡Ah! Comprendo —replicó Brandeth—. ¡Nuestros caminos se separan en este lugar!
El tono de su voz, más que el contenido de sus palabras, hizo que todos dirigieran sus miradas sobre Noggin. El pensamiento de Ames volvió de súbito a la conclusión mortal que pesaba en la balanza. El momento habÃa llegado como un relámpago. Brandeth habÃa, arrojado el guante a la cara de su socio.
Noggin desconcertó a Ames. Si habÃa llevado una máscara, que ahora se quitaba, era por el momento un hombre aún más impenetrable que antes. Desgraciadamente, el ala de su sombrero ocultaba los ojos maravillosos de que Ames siempre desconfiara.
Brandeth se deslizó de su silla y, de una zancada, se alejó del grupo. A Ames, sin embargo, le pareció que aún estaba demasiado cerca de él. Aquellos ojos de hurón de Noggin podÃan dominar sus movimientos igual que los de Brandeth.
—Steele, ¿quieres llegar a un acuerdo en este negocio?, —preguntó Noggin.
—Bien, no tengo muchas ganas, pero ¿cuál es tu idea?