Arizona
Arizona —Bursh Hen… —De súbito, apoyó Fred una mano sobre la boca de Ester y la arrastró al interior de la casa. Asombrada y furiosa, Ester se soltó de él.
—¡Cómo te atreves…! —gritó.
—HabÃa un hombre detrás de ti —jadeó su hermano.
—¿Detrás de m�
—SÃ, un forastero, alto y con los ojos como puñales. No le habÃa visto. Se ha acercado despacio, o quizá ha estado allà todo el tiempo. Y te ha oÃdo, Ester. Lo sé. Lo he conocido en su mirada. ¡Maldita suerte! Te dije que callaras.
—Te está bien empleado —dijo Ester, pensativa.
—Debe de ser el amigo de Joe —continuó Fred—. ¿Cómo se llama? Ames, no sé qué.
—No lo he visto —repuso Ester con frialdad—. Sal a verlo, si te interesa.
—¿Me darás el dinero, Ester? —imploró él.
—¿Cuánto?
—Trescientos dólares.
—¡Cielo santo! No los darÃa aunque los tuviera —replicó Ester, y se refugió en su habitación, cerrando la puerta por dentro.