Arizona
Arizona Rich Ames estaba sentado en un banco, mirando al suelo, donde habÃa dejado un rifle Winchester nuevo del 44, un Colt del último modelo, varias filas de cajas de municiones, un cuchillo de caza, una destral, un par de magnÃficas espuelas mejicanas de plata, una canana de cuero negro y labrado, con hebilla de plata, y una pistolera ornada con una gran A de plata.
—¡Te has gastado todos los ingresos del invierno en nosotros! —exclamó Rich.
—No. Me he comprado un equipo nuevo, dos burros más, algunas albardas de carga y una porción de buenas provisiones —repuso complacido Tanner.
—¿Por qué no has esperado a Navidad para hacer esto?, —preguntó Ames abriendo los brazos.
Tanner se mordió la lengua a tiempo de reservar el secreto de un segundo fardo que para aquella fecha tenÃa preparado.
—Cuando tengo algo bueno que decirle o darle a un amigo, lo hago en seguida.
—Has echado a perder a toda la familia Ames. ¿Qué dices tú de esto, Sam?
—Que si yo tuviera un millón lo darÃa por ver la cara que ha puesto Nesta —replicó Playford con fervor.
—Y yo también. ¡Pobre Nesta! Es una muchacha y ha tenido tan poco…