Arizona
Arizona —¿Has visto ya al señor Ames, padre? —preguntó en seguida.
—No, hija. He tenido una bronca con tu hermano, y luego otra con Stevens y Mecklin.
—AnÃmate, padre —dijo Ester, incomprensiblemente alegre de súbito—. Si las cosas tienen que ponerse muy mal para mejorar, quizá sea hoy el dÃa en que empiecen.
—¡Bien! —exclamó Halstead, dirigiéndole una mirada sorprendida y agradecida. Cuando acabó de comer se levantó y dijo a Joe:
—Entre a verme con su amigo, cuando hayan concluido.
Durante la comida, por lo menos mientras Ester estuvo con ellos, Fred no pronunció una palabra ni levantó los ojos del plato, aunque los excitados muchachos llamaron su atención hacia los regalos que les habÃan traÃdo. Por fin, Ester se quedó sola, con Fred y aprovechó la oportunidad para preguntarle:
—¿Qué pasa entre padre y tú?
—Lo mismo de siempre —contestó él con tristeza.
—No, no es lo mismo. No me puedes engañar. ¿Sabe algo de tu deuda…?
Fred hizo un gesto de prevención hacia la puerta abierta, de la cocina. Luego, se levantó y salió, siguiéndole Ester.