Arizona
Arizona El espíritu adormecido de Ester se inflamó de pasión, y cuando la joven se levantó del lecho y se miró al espejo, vio en él una mujer con ojos oscuros, elocuentes e inescrutables.
¡Si papá fracasa, yo le haré quedarse! —le prometió, en un murmullo, a su propia imagen—. ¡Y entonces empezarán mis problemas!
Se, bañó las ardientes mejillas, se cepilló y volvió a arreglar el cabello. Luego, se puso su vestido más bonito, sin reparar en si era o no completamente apropiado para la tarde.