Arizona
Arizona Estaba de pie al lado de la chimenea, y era tan alto que podÃa apoyar el codo en el revellÃn de piedra. Ester vio por un momento su bien cortado perfil, su mejilla curtida y su mandÃbula fuerte y cuadrada. Rápidamente bajó la vista cuando él se volvÃa.
—Joe me ha dicho que ha venido usted siguiendo el curso del rÃo —comenzó Halstead, con el cigarro encendido en una mano, recostado en su silla y mirando con franca curiosidad e interés a su visitante.
—Y andando la mayor parte del camino —replicó Ames.
—Entonces, ha tenido usted más tiempo y mejor oportunidad para ver mi rancho. ¿Qué le parece?
—¿Es todo este Valle del Trabajoso su rancho?
—SÃ, esas laderas quemadas y los prados de la ribera. Poseo mil acres y tengo derecho a los pastos de todo el valle.
—Es un rancho grande en una región grande. ¿Hay otros muchos cerca?
—Ninguno. El más próximo es Jim Wood, al otro lado de la cordillera, a diez millas o más. Nunca hemos visto una vaca ni un novillo suyo por este lado. Hay una selva por en medio.
—Creo que no he visto en mi vida un rancho mejor —afirmó Ames, como pesando sus palabras.