Arizona
Arizona —¡Oh! He sido demasiado brusco —murmuró Joe con remordimiento—. Lo he hecho adrede, Ester, pero perdóneme.
—¡Oh, Joe! Soy tan tonta… No hay nada que perdonar.
—SÃ, hay algo. He descubierto su secreto; ha sido una treta indigna.
—¿Secreto?
—SÃ, pero ya lo sabÃa antes de que usted se adelantara. Joe Cabel es muy listo… Ester, usted quiere ya un poco a Arizona, ¿no es verdad?
—Me temo que sÃ.
—Bastante, ¿no?
—Yo… puede ser… quizá. —Ester se apoyaba contra el hombro, vestido de áspera tela, de Joe, con la cabeza inclinada.
—Su secreto está a salvo conmigo. ¿No lo sabe? PodrÃa traicionar a Arizona por usted. Ahora lo estoy haciendo. Pero a usted nunca, Ester.
—¿Qué secreto? ¡Oh, Joe, no me haga usted hablar! —murmuró Ester.