Arizona
Arizona —Supongo lo que es —repuso él con su acento inolvidable. ¿Cómo podrÃa hablar con tal indiferencia?—. Conocà a Fred en cuanto le vi, pero hice creer que le habÃa tomado por uno de la banda. Era una buena oportunidad para meterle con el susto un poco de sentido común en la cabeza. No me descubra usted nunca.
Octubre trajo las noches frÃas, las mañanas heladas, la caÃda de las hojas de los álamos y la desaparición de las flores.
Ester se dedicó febrilmente al trabajo de coser, ayudar a Joe a almacenar fruta para el invierno y otras tareas propias de la estación. El domingo que Fred trajo a su casa a la pequeña Biny Wood, e imitando el acento de un importante miembro de la casa Halstead, les anunció su promesa de matrimonio, fue decisivo para Ester, rompió el hielo de muchos dÃas y la felicidad apareció en el umbral como un tembloroso espectro.
Quizás un contagioso espÃritu de bien extendÃa aquel dÃa su voluntad desde otro sitio. Halstead anunció con calma a la hora de cenar que Ames habÃa aceptado una participación en el negocio del rancho del Trabajoso.
—¡Olé! —gritó Brown, blandiendo el tenedor—. Ahora sà que voy a coger todas las… truchas en el…
—¡Brown, levántate de la mesa en el acto! —ordenó severamente Ester.