Arizona
Arizona Cappy dirigió a Lee una rápida mirada cuando Rich hizo la estupenda declaración sobre Nesta, y vio que, cualquiera que fuese el impulso que había hecho a Rich decir aquellas palabras, había dado en el blanco. La cara de Lee Tate enrojeció de sorpresa y de rabia. Durante la conversación entre Ames y Stringer, miraba a Playford, palideciendo lentamente.
—Oiga, Playford —preguntó con voz aguda en la pausa que siguió a la cáustica réplica de Ames a Stringer—, ¿es verdad que se casa usted la semana que viene?
Sam se puso a la altura de las circunstancias.
—Desde luego —afirmó con inocencia—. ¿No se lo ha dicho Nesta? Aún no ha fijado ella el día. Yo quería el lunes y Rich el miércoles, pero probablemente, Nesta lo aplazará hasta el sábado… Mala suerte… ¿No me da usted la enhorabuena, Tate?
—No es fácil —rezongó con dureza Tate, y la pasión desfiguró sus facciones—. Anoche Nesta Ames me juró que había roto con usted.
—¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! —Playford soltó una carcajada en la cual vibraba algo que no era risa—. ¿Cree usted que puede reírse de Nesta como ha hecho con tantas otras muchachas del Tonto? ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Se ha estado riendo de usted en su propio estilo, como ya me dijo que pensaba hacerlo.