Arizona
Arizona El profundo cañón se abría estrecho entre abruptas laderas de roca y macizos de abeto y roble, y se ahondaba y estrechaba por entre dos muros color de bronce oscuro, hasta llegar al sombrío e inaccesible abismo llamado la Puerta del Infierno. Cuando los perros perseguían a un oso por aquel cañón, la caza acababa. Los osos bajaban a estanques y rápidos, donde ningún perro podía llegar.
El Cerro del Mescal se extendía en toda su longitud ante los ojos ansiosos de Tanner. Plateado, negro y verde, se elevaba entre los demás cerros del Tonto como el lomo poderoso de un animal gigante. El ganado y los venados pastaban en los prados de hierba gris. Aquél era el rancho en que los Ames criaban el poco ganado que poseían, y a Tanner le pareció que sus rebaños habían aumentado, si todo lo que veía les pertenecía a ellos.
Empezó luego a descender y por algún tiempo perdió de vista el bello panorama. Cuando volvió a salir a un punto elevado del sendero, estaba en la mitad de su descenso y veía ya el verde llano bajo un acantilado saliente del Cerro del Mescal. La parda vivienda de leños parecía minúscula junto a los tres grandes abetos; el jardín de cuadros verdes y grises conducía al campo de maíz, donde pastaban los caballos. La cerca de hierro que Rich Ames levantara con ayuda de Tanner, estaba ya cubierta por las parras.