Arizona
Arizona Tanner sintió tal consuelo al ver que aún vivÃa, al oÃr su voz, al darse cuenta de que estaba ilesa, que la vergüenza y la tragedia de su confesión le parecieron cosas insignificantes. Se adelantó para caer sobre una rodilla al otro lado de Nesta y tomar una de sus heladas manos.
—Muchacha… muchacha —empezó con voz ronca y entrecortada.
—SÃ, eso está claro, pero ¿por qué? —preguntó el hermano, duro y sombrÃo.
Tanner sintió el deseo de mirarle, pero le faltó valor para hacerlo.
Nesta le miró con ojos insondables. PodrÃa haber perdido el coraje para el casamiento, pero no le tenÃa miedo a Rich, ni le daba vergüenza enfrentarse con él. ParecÃa estar por encima de todo. Sus manos temblaban y su pecho jadeaba. TenÃa los labios apretados en una lÃnea dura y resuelta.
—¿Has querido ahogarte? —preguntó con violencia Rich.
—¿Crees que me estaba bautizando? —repuso ella con desdén, recobrando fuerza en su voz.
—¡Contéstame! —ordenó él—. Te has escapado. Yo te he visto salir y he corrido hasta aquÃ… Y te he cogido tratando de suicidarte, ¿no es eso?